viernes, 2 de marzo de 2012

Mi primer vuelo


La primera vez que se vuela es un recuerdo nítido que queda grabado en nuestra memoria, en particular para los de mi generación y los de las precedentes. Volar pasó de ser un lujo a un deseo, a un capricho para acabar siendo un acontencimiento cotidiano. Hoy en día muchos niños entran al mundo digital, de la aviación, de los viajes y de mil cosas más a edades impensables hace tan solo 25 años. 
Nunca olvidaré mi primer viaje en avión, un Madrid-Nueva York, con Iberia, en diciembre de 1991. 
La compañía había lanzado unas ofertas nunca vistas en aquellos años y por unas 35000 pesetas logré bautizarme aeronáuticamente cruzando el charco.
Luego llegaron más viajes, lo cual se intensificó una vez estabilizado laboralmente. 
Los aviones han cambiado la faz de la tierra, ellos han sido los precursores de la globalización que hoy en día tan asimilada tenemos. La telefonía, internet y las redes sociales acercan voces, ideas, imágenes pero estos son meros sucedáneos de lo real, de lo que proyectan, la persona.
Han sido los medios de transporte los que han provocado las mayores migraciones de la historia, el mayor intercambio de poblaciones nunca visto en la historia de la humanidad. Obviamente, el avión es el medio de los emigrantes más afortunados, y el símbolo del turismo de masas globalizado.
A pesar de haber pasado más de 20 años desde que puse pie en aquella extraña cápsula volante que son las aeronaves, sigo vibrando, no tanto con el vuelo en sí, sino más bien con el concepto del ser "teletransportado" de un lugar a otro en tan poco tiempo. 
Me resulta divertido como en las películas se utilizan los aviones como lugares de sucesos sobrecogedores, aventuras de suspense y romances aéreos que, francamente, nunca he vivido como pasajero.

Sin duda, cuando uno viaja, es preferible la asepsia durante el vuelo, antes que vivir emociones a bordo que las más de las veces tienen que ver con fallos técnicos o pasajeros enfermos.
Mi profesión me ha permitido conocer un poco más ese mundo, he tenido la oportunidad de volar muchas veces en cabina, despegar y aterrizar en ella, pasar tiempo con algunas tripulaciones, compartir historias y puntos de vista. 
Pertenecer al lado tierra, a control,  ese gran desconocido, me ha ayudado también a saber lo que ocurre alrededor de los aviones y no vemos, comprender toda la maquinaria de vigilancia y supervisión que rodea al tráfico comercial de pasajeros.
Volar se ha convertido en una relativa pesadilla por culpa de la masificación, los aeropuertos faraónicos, los controles de seguridad y la inevitable vulnerabilidad del sistema ante numerosos contratiempos, especialmente el clima adverso. No obstante, creo que es algo que todos deberíamos hacer una vez en la vida para experimentar esa evasión que el fondo representa abrocharse el cinturón.
Mi padre nunca llegó a volar, siempre me quedó esa espina, y puede que mis vuelos, mi profesión y mis palabras sean en cierta manera un homenaje a su figura.  




14 comentarios:

  1. Mi primer vuelo fue a Ibiza!! Desde Alicante a Ibiza, en el año 68!! Ibiza con hippies payeses el aeropuerto era una casa o lo mas parecido !! Y el viaje!! Todo el rato mirando por la ventanilla : el mar desde arriba... Me llevaron mis padres en el día para que subiera en avión !! No lo olvidare jamás !!

    ResponderEliminar
  2. César: como siempre EXCELENTE, de verdad que es un gusto leerte y este post hasta el momento puedo decir que es mi favorito.
    concuerdo contigo viajar es una de las mejores cosas de la vida.

    Saludos

    Issac Rubio

    ResponderEliminar
  3. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

    ResponderEliminar
  4. Mi primer vuelo,no es el que recuerdo como tal.Mi primer vuelo,fue el que hice totalmente en solitario.Es indescriptible.No me entere del baño que me dieron despues.
    Un saludo

    ResponderEliminar
  5. Excelente esta entrada del blog. Totalmente de acuerdo con Isaac en que es un gusto leerte.

    Yo creo que heredé de mi padre el gusto por los aviones y por el placer de volar; a él le fascinaba, y por supuesto, viajar, conocer otros lugares, costumbres, rodearse de lo no habitual ni cotidiano, "perderse" en las ciudades (grandes o pequeñas), recorrer.

    Como soy argentina, mi primer vuelo fue cuando era una niña, a los 7 u 8 años de edad, de Buenos Aires a Montevideo, unos 45/50 minutos de viaje. Recuerdo claramente que me encantó, y que las sensaciones al despegar, volar y aterrizar no me asustaron en absoluto.

    Ese fue mi bautismo, el primero de muchísimos otros vuelos a diversos países, continentes, incluído el que me trajo hace 5 años a vivir a España, porque decidí que quería un cambio y que esto era lo más parecido a mi propio país, por herencia de mis abuelos inmigrantes, por costumbres, por lenguaje, entre otras cosas. Ya había venido varias veces, en plan turístico, y alguna otra en la que me quedé más tiempo, pero en 2007 me instalé definitivamente. Y desde ese momento volé más que nunca dentro de Europa y estuve en lugares a los que nunca soñé que podría ir... Y espero continuar con esta buena costumbre.

    Cada vez que subo a un avión recuerdo a mi padre, que ya partió hace unos cuantos años en otro vuelo, aquel al que le dicen eterno porque no tiene regreso, y pienso en cuánto le gustaría estar ahí, en la cabina. Y en cierta forma le rindo homenaje: gracias a él y a ese disfrute heredado que hace mucho hice propio, puedo disfrutar del mejor de los tesoros: volar y viajar (con todo lo que eso incluye y que forma parte de mi experiencia de vida).

    ResponderEliminar
  6. Es tal como lo cuentas, César, incluso más. Yo ya siento esa vibración de camino al aeropuerto! Cada vuelo es una experiencia igual de intensa y positiva. Ya conocía ese tu primer vuelo a Nueva York. Lo comentaste en la red y nos pediste nuestras propias experiencias. Gracias por compartir las tuyas, y, en especial, gracias por ese homenaje a tu padre, en el que también he visto reflejado al mío. Todos tenemos cosas en común y las redes unen. Enhorabuena una vez más.

    ResponderEliminar
  7. Pues a mi, aunque parezca rara, lo que más me gusta es cuando el avión despega, aunque sea uno de los momentos más peligrosos del vuelo.

    Ir sentado en el asiento, y notar como el avión coge cada vez más velocidad... Y de repente, el avión se inclina hacia arriba, y tu con él..! Y despega!! Me encanta ese momento... Sin embargo lo paso fatal con las turbulencias;))

    Saludos.
    LadyRoller

    ResponderEliminar
  8. César, si no recuerdo mal, yo coincidí contígo en ese vuelo . Para mí no fue el primero, ni mucho menos... De hecho calculo que a esas alturas llevaría ya unos 1.500 vuelos a mis espaldas, ya que por mi profesión hacía entre 40 ó 50 al mes, y llevaba ya tres años y medio con ese tute...
    A día de hoy sigo volando todas las semanas, aunque con una frecuencia muchísimo menor, y a pesar de que ya he perdido la cuenta de todos los vuelos realizados ( que por cierto me encantaría algún día poder cuantificar por pura curiosidad), cada vuelo me produce una sensación especial. Lo que me pregunto ahora y no encuentro respuesta clara, es si hemos vuelto a coincidir después a más de 30.000 pies...

    ResponderEliminar
  9. Mi primer vuelo fue un vuelo de corta duración, 30-40 minutos con mi madre a la edad de 7 años. El motivo fue claro, mareaba en barco y mi madre se apiadó de mí. Fui la única de mi hermanos que utilizaba el avión para desplazarme en vez de optar por el barco entre islas.

    Yo sí me he enamorado en un vuelo ya de adulta y también he tenido la oportunidad de conocer a gente bastante interesante con la que me he intercambiado direcciones de email después.

    Eso sí, para mí, la experiencia de medios de transporte que recuerdo nítidamente fue la primera vez que cogí un tren, algo muy exótico para mí y muy inusual. Tenía como unos 11 años y el trayecto fue madrid-valencia. Recuerdo como mi madre sacaba la chacina y me hacía un bocadillo de chorizo.

    Saludos.

    ResponderEliminar
  10. Ha sido muy emocionante el recuerdo a tu padre, derrochas sensibilidad.

    ResponderEliminar
  11. Mi primer vuelo coincidió con mi primer viaje fuera de España, una amiga volvía a casa por navidad y me propuso volar con ella, a Brasil. Nunca olvidaré aquellas navidades, me confirmaron el vuelo 48 horas antes de la salida, volaba el día de mi cumpleaños, que celebré en Madrid, Lisboa y Recife y vi el primer amanecer del milenio en una playa, en la punta mas oriental de America. Luego llegaron muchos vuelos, por placer y por trabajo, pero aquel vuelo siempre lo recordaré como el mejor regalo de cumpleaños que me hice y que mi amiga brasileña me regaló.

    ResponderEliminar
  12. Gracias, Isaac. Volar cambio mi vida, primero por abrir mi mente y ayudarme a madurar y luego como parte de mi profesión. Es un lujo poder contar este tipo de historias en el blog.
    Saludos
    Anonimo, ¿coincidir en el vuelo de 1991? Solo hubo una persona conocida que coincidiera conmigo así que ya sé quien eres :) No tengo claro tampoco si hemos vuelto a volar juntos después, me parece que no, curioso.
    Encarna, las redes unen y ayudan a superar barreras y aislamientos, todos tenemos mucho más en común que lo nos gusta admitir.
    Gracias por los comentarios, un blog público como es este se alimenta y crece si es leído, pronto más!

    ResponderEliminar
  13. Pues menudo bautizo colega.. A LO GRANDE xD NADA MENOS QUE CRUZAR EL CHARCO.

    Saludos!

    ResponderEliminar
  14. Volé por vez primera a los 19 años de edad. Mucha gente de mi edad ya lo había hecho. Fue un trayecto nacional. La dificultad más común entre quienes hacen su estreno es la del cinturón de seguridad, tanto para abrocharlo como para desabrocharlo. Es una pena quedarse atascado en el intento, ante la curiosidad del prójimo. El otro gran problema es el baño. ¡Qué miedo ingresar al toilet a 10.000 pies de altura! Y sobre todo, con la necesidad de sentarse en el sanitario y al mismo tiempo con estreñimiento. Por lo pronto, me queda decirles: ¡Feliz viaje a todos!

    SANDRO AMANCIO DEL SOL

    ResponderEliminar