domingo, 13 de noviembre de 2011

Amistades virtuales


Hoy leí en prensa digital un artículo sobre la amistad y la evolución que esta sufre en nuestras vidas a medida que vamos creciendo. 
Amigos de la infancia, amigos de la universidad, amigos del trabajo, amigos del colegio de los niños, ¿amigos virtuales?

No es fácil mantener el contacto con las personas que se cruzan en nuestras vidas, especialmente en las grandes ciudades como Madrid dónde todo está hecho con unas dimensiones que obstaculizan con frecuencia que fluya el trato con nuestro entorno social. Siempre he envidiado la vida más apaciguada de las pequeñas capitales de provincia, donde uno se encuentra a los amigos y a los conocidos paseando por el centro de la ciudad. Tengo familiares que han nacido en un ciudad así y que reniegan de la exposición continúa a los conocidos, saboreando y agradeciendo el gélido anonimato madrileño. 
Yo siempre que me encuentro por la calle con alguien conocido lo agradezco, refuerza mi sensación de pertenencia a la ciudad que me ha tocado en gracia y que, por el momento, no soy capaz de abandonar. 

A través de las redes sociales y de los chats, cientos de miles de personas desconocidas se mezclan y remezclan desordenadamente con intereses cruzados en ocasiones incompatibles.
Mi experiencia durante y tras mi paso por la portavocía de los controladores, con el consiguiente catapulte a la opinión pública, conllevó una inmersión en el complejo y fascinante mundo de las relaciones virtuales. Tras Facebook, el cual considero más familiar e íntimo, llegó el exhibicionista Twitter, la red social que acaba por mostrar las flaquezas de sus inquilinos. Aquí todos podemos, tarde o temprano, caer en la tentación de abrir la gabardina y mostrar nuestras vergüenzas en el patio global que Twitter representa. Abundan los ejemplos de numerosas figuras públicas expuestas al escrutinio microscópico pero superficial que la red representa. 


En mi caso lo más positivo, aparte de fortalecer el carácter ante tanto ataque desmedido y visceral, ha sido conocer gente, sea real o virtualmente y que algunas personas se hayan conocido a través de mi.
Hay un grupo de tuiteras, ya desvirtualizadas por mi parte, que empezaron siguiendo mis andanzas durante el culebrón de los controladores y que han acabado por hacerse amigas y quedar con cierta periodicidad. 
Hay una pareja que surgió de mi antigua página de Facebook y que a través de algo tan ajeno para ellos como era el tema de control han consolidado una relación afectiva.  
Dentro de la maraña de griterío, egos que colisionan y tuiteros voyeurs sobresale en mi opinión una red de apoyo virtual, donde se tejen, tuit a tuit, unos vínculos, tenues e imperceptibles al principio que acaban por crear unas "amistades virtuales", a veces materializadas en el mundo 1.0. 
No queremos estar solos, no queremos que el silencio nos silencie.
Estas redes en constante expansión y evolución nos acompañan, nos acercan mediante un teclado a informaciones, conocimientos, debates, rabietas y sentimientos y eso es, después de todo, lo que dota de chispa a nuestras vidas. No veo al mundo real y al mundo virtual como realidades paralelas sino complementarias. 
La tecla puede ser la llave de muchas puertas, yo las he abierto y nunca me he arrepentido de ello.



lunes, 7 de noviembre de 2011

¿Trajiste las tijeras?


En los últimos tiempos oímos hablar de muchos temas, la mayoría no muy positivos ni estimulantes, la crisis mundial ha supuesto un auténtico cambio climático del estado de ánimo social. 
Todos somos conscientes de que el ciclo ha mudado, de que no tiene pinta de resolverse en tres telediarios y de que habrá que cambiar los modus operandi para que no se vaya al traste nuestro modus vivendi. 
Desde los diferentes ámbitos políticos se plantean opciones diversas para encarar el encallamiento económico que nos impide avanzar. El recetario es variopinto aunque la mayoría de la sociedad española coincide, no sé si acertadamente, en que no hay dinero en la caja, en que toca apretarse el cinturón y el pantalón y que para ello hay que sacar las tijeras del sastre. 
La discusión parece centrarse sobre todo en como repartir esa menguante tarta entre tantos comensales al banquete austero al que nos han invitado sin desearlo. 
Hoy hay un debate donde saldrá a relucir este asunto y donde previsiblemente Rubalcaba, con cierto cinismo, acusará a Rajoy de tener la tijera más grande del reino mientras tal vez él se postule como sastre remendón de aguja y dedal. Gane quien gane las elecciones el traje que tiene que cortar es tarea que pocos deseamos y todos criticamos de antemano.


¿Qué opinamos los ciudadanos de todos estos asuntos? Elegimos a los políticos para que decidan por nosotros y delegamos la responsabilidad y el desgaste que conlleva portar el anillo del poder. 
Sin embargo, podemos y queremos opinar sobre sus decisiones. 
¿Qué tijera meterían ustedes y en dónde?

¿Tiene sentido financiar mediante el Imserso viajes a jubilados a diestro a siniestro mientras muchos no reciben ayudas de la ley de dependencia?

¿Aceptaríamos los españoles un copago en ciertos servicios sociales según la renta de cada cual?

¿Ha llegado el momento de establecer un cheque escolar para limar polémicas del tema educativo?

¿Hay que reducir municipios creando mancomunidades que simplifiquen y abaraten los costes de la burocracia local?
Suma y sigue....
Aportar entre todos es lo que hace que una sociedad civil esté viva y atenta a los cambios que llegan a sus costas. Somos bastante cómodos y pachangueros y luego hacemos ruido relativo cuando las cosas se tuercen.
En las redes sociales reales y virtuales predominan las críticas de unos contra otros, de todos contra todos pero se echa en falta más ideario sensato y realista sin tanto tinte partidista. 
Si es tiempo de tijeras hagámoslo en comandita, con sensatez y realismo, con sentido de comunidad de hormigas, esta vez dejemos a las hienas en sus guaridas.



miércoles, 2 de noviembre de 2011

Vuela y corre


Desde hace unos años se ha ido poniendo de moda, aunque sea de manera minoritaria, un cierto tipo de turismo bastante peculiar. Se trata del turismo del corredor, que combina visitar una ciudad con recorrer sus calles participando en una carrera popular.

En España ha habido una eclosión de las pruebas populares, especialmente las de distancias asequibles como los 5 o los 10 km y casi semanalmente encontramos, al menos en Madrid, una a la que poder sumarnos.
Cada vez es más habitual encontrar a españoles que se desplazan a ciudades europeas, incluso a Nueva York, para correr medias maratones o maratones. Es una forma de compaginar espíritu deportivo con turismo de ciudad, combinación perfecta que dota de un sentido más completo al viaje. Tengo curiosidad por saber cuanta gente lo hace y el impacto que el "turismo deportivo amateur" tiene y, principalmente, puede tener en las ciudades.
Merece destacarse esta popularización del atletismo ciudadano, que arrastra muchas mañanas de domingo a miles de corredores por las calles de nuestros pueblos y ciudades, desiertas por unas horas de los invasores coches.
Uno de los referentes máximos de estas pruebas es la conocida San Silvestre madrileña, que se corre el 31 de diciembre por las calles de la capital con doble versión, profesional y popular.  Yo la he corrido en los últimos seis años y el incremento de participación ha sido espectacular. Claro está que el hecho de que haya recaído su patrocinio en una de las marcas más ubicuas del mundo comercial ha empujado su expansión, desvirtuando tal vez en el proceso el espíritu original de la San Silvestre.

Sea como sea,  la carrera gana fuerza año tras año, alcanzando ya la cifra de los 30000 atletas. No es una carrera para lograr grandes marcas, tanta gente trotando por el centro de Madrid no facilita la zancada, pero el ambiente es animado, miles de madrileños aplauden a los corredores en las calles, iluminadas con decoraciones navideñas, y en los pujantes años pre-crisis grupos de música animaban el cotarro. Muchos de los participantes se disfrazan de las maneras más estrafalarias dotando de un aire carnavalesco al recorrido.
Madrid es una ciudad que carece de San Fermines, Fallas o Ferias de Abril, ¿por qué no hacer de la San Silvestre Vallecana un referente de la ciudad? A día de hoy creo que es la segunda en participación a nivel mundial tras la mítica San Silvestre de Sao Paulo, la primera de todas.  La fecha es óptima para aprovechar la llegada de turistas atraídos por la navidad y por la celebración del fin de año.

No es Gallardón, en mi opinión, un gran promotor del deporte de base en la ciudad por más que se empeñe en enmascararlo pidiendo los JJOO, aun así, confiemos en que alguien en el Ayuntamiento vea una oportunidad de reforzar la marca Madrid.
Madrid bien vale una carrera, ¿no creen?