lunes, 9 de abril de 2012

Cruce de caminos


Llevo unos días tratando de organizar papeles, carpetas, agendas antiguas y también cientos de fotos desordenadas. 
Entre foto y foto, va uno atravesando de nuevo etapas de la vida que se han ido para no volver y también amigos y conocidos que ya no forman parte de nuestra cotidianidad. 
No sé si el tiempo pasado fue mejor o peor, desde luego éramos más jóvenes y más ingenuos, y aunque la coyuntura actual pueda llevar a pensar que aquello era más boyante, todo depende en realidad de la actitud con la que encaremos cada momento.
Recuperar el pasado y la memoria, histórica o personal, es una cosa difícil de gestionar; puede que el pasado se resista y nos rehuya. 
No obstante, recuperar a personas que se han ido cruzando en nuestro camino es una tarea más alcanzable y que puede reabrir puertas de estancias vitales no del todo recorridas. 
En el periplo de cada uno de nosotros van quedándose rezagados, en la cuneta, amistades, compañeros de trabajo, familiares, ex y demás personajes del vodevil que la vida significa a fin de cuentas. No todos son recuperables, ni es deseable enfrentarse a ciertos fantasmas, pero siempre encontraremos a alguien valioso en el baúl de la memoria si nos tomamos la molestia de hacer balance. 
Hace poco me comentaba un amigo, coach y emprendedor empedernido, sobre una técnica que aplica con personas que se encuentran sin trabajo. Les hace llamar por teléfono a gente que en el pasado les dio una oportunidad profesional, así, a bocajarro. Cuesta encontrar a veces el número pero el Gran Hermano 2.0 que todo lo sabe suele ayudar en las pesquisas. Me decía que los participantes en esta dinámica suelen quedar sorprendidos doblemente, primero por la chocante propuesta, y después, por la habitualmente positiva reacción de los rescatados del olvido.
Mucho se habla ahora, a raíz de la crisis, de recuperar valores, replantearse el modelo, valorar las cosas pequeñas, y mil maneras más de resaltar, que otros enfoques son urgentemente necesarios. En estas épocas de incertidumbres y pesadumbre social puede resultar muy terapéutico atreverse a abrir la Caja de Pandora de nuestra historia. 
Les reto a ello, estoy convencido de que más de una alegría se llevarán. Somos lo que somos y estamos donde estamos, en gran medida, por el aporte de todas esas personas que se cruzaron en el escenario de nuestro vodevil particular.
Rebusquemos en las fotos de la memoria, pueden que nos aporten mucho más que el runrún de tanto bombardeo informativo intrascendente.