martes, 30 de agosto de 2011

¿Ética o estética?

Todos somos partícipes de la etiqueta, no de esa de la que hablan los manuales de buenas maneras sino de las que clasifican o describen. Etiquetamos y nos etiquetan, no lo neguemos, es costumbre atávica y arraigada en las personas, nos encanta clasificar a los demás. No hay nada más molesto que no poder encuadrar a alguien, esa conocida frase de "no sé de que va" denota dicha inquietud y tratamos de volver a la seguridad una vez que encasillamos a nuestros congéneres en algún tipo de categoría.

Pero no voy hablar de ese tipo de etiquetas personales sino de las etiquetas de los productos y del significado de las mismas.  Una etiqueta, código de barras aparte, tiende a describir la mercancía de manera somera. No obstante, ¿nos cuentan todo las etiquetas? ¿Es el Adn real de lo que compramos y llevamos a casa con nosotros? Tengo serias dudas al respecto.

Hace unos meses, cuando estalló el conflicto civil en Libia muchos se llevaron las manos a la cabeza por los trapicheos que Europa mantenía con el regimen de Gadaffi, comprando un petróleo y un gas ensangrentados con su nepotismo, por decirlo crudamente. Comenté en aquella ocasión en Twitter el cinismo que todos tenemos al ir de éticos y moralistas por la vida cuando muchas de los artículos que nos rodean cada día tienen una procedencia más que dudosa y no parece que esto nos quite el sueño.
Consumimos mucho, de orígenes diversos y dispersos y la trazabilidad de los productos se diluye en el camino que va desde el productor hasta el consumidor.
¿Se sostendría nuestro de confort, en crisis sí, pero comodidad burguesa, si solo comerciáramos con productos intachables? Este un reto que tenemos delante de nosotros, una piedra angular de un cambio real del mundo que nos rodea  y que,  como melón incómodo que es, nuestros dirigentes no tienen intención de abrir.

Si se desarrollase un sistema de etiquetado marcando si el producto ha respetado en el proceso que lo ha llevado hasta el estante de la tienda los Derechos Humanos, salarios dignos, etc....¿sería positivo?
¿Comprarías gasolina a sabiendas de que ha muerto gente por condiciones laborales abusivas para obtenerla? ¿O que su extracción ha contaminado y envenenado comunidades en otros países? Tal vez te lo pensarías y arrancarías el coche camino de otra estación de servicio más ética pero más cara.  ¿O te podría el ahorro, máxime ahora en tiempos de falta de liquidez,y repostarías?
Son cuestiones complicadas pero creo que el consumo responsable es un capítulo pendiente que los ciudadanos tendremos que instaurar en soledad ya que no parece que empresas ni instituciones políticas vayan en esa línea. Se trata de consumir, cuanto más mejor, nos venden que esa es la única manera de reactivar la economía y generar empleo. Puede que sea así pero ¿a toda costa?
Hay un sentimiento social global en los países más ricos de ayuda y preocupación por los miles de millones de personas que viven en precariedad. Se desea otro mundo posible, se ayuda regularmente a muchas ONGs, se socorre en las campañas contra crisis humanitarias, se protesta enérgicamente cuando se destapan casos escandalosos de abusos, sobre todo en asuntos espinosos como la mano de obra infantil. ¿Es realmente sincero este sentimiento? ¿Estaríamos dispuestos a un "comercio justo global" con las consecuencias que  ello podría acarrear para nuestras economías y nuestro modo de vida?
Es un tema complejo ya que las organizaciones internacionales están muy arraigadas y tienen mucho poder, la OMC, los acuerdos GATT, el FMI y sus préstamos entre otros marcan a hierro el camino a seguir para todos pero ¿hay que resignarse o estamos resignados?
Ha habido una tímida tendencia con la aparición de las tiendas de comercio justo, impulsadas por ONGs como Oxfam, pero su repercusión es mínima en cifras absolutas.
Hay ejemplos concretos en ese sentido, como es el caso de las maderas que se venden certificadas con etiqueta de origen en explotaciones controladas y sostenibles. En caso de que esto se hiciera extensible a todos los bienes de consumo, ¿cambiarían nuestros hábitos de consumo? ¿tendría algún impacto geopolítico una medida de ese calado?
¿Compraría alguien un transistor chino si pusiera la etiqueta que el producto no ha respetado los Derechos Humanos?
Son muchas incógnitas que no parece vayan a aclararse en un futuro inmediato pero pensar es lo que nos mantiene en marcha.
Y tú, ¿mirarías la etiqueta? 

7 comentarios:

  1. Tienes razón en tu planteamiento, cuando compramos un artículo, la gran mayoría no nos paramos a pensar dónde se ha manufacturado o de dónde se ha extraído.
    En nuestro interior, estoy convencido de que a casi todos nos escandalizan los abusos que se cometen, niños esclavizados en minas, míseros salarios a cambio jornadas maratonianas, corrupción, guerras provocadas con una única finalidad económica, etc, pero aunque nos pese, no reparamos en ello más que cuando aparecen en algún titular o en algún reportaje de televisión, para pasar a vivir el día a día y olvidarnos de que lo que podemos estar comprando es fruto de una explotación y abusos.
    No nos iría nada mal una de esas etiquetas para sacarnos los colores.

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  2. Creo que es muy revelador el hecho de que la cantidad de productos 'Comercio justo' que hay en el mercado, como bien dices, es mínima y de casi nula repercusión. Esto ocurre, por un lado, porque muchos negocios se irían al garete si tuvieran que respetar la ética, y, por otro, porque el consumidor, inmerso en su mundo de comodidad, sin pasar penalidades (por mucho que nos quejemos), y ajeno a los explotados, no demanda esos productos, sino las grandes marcas de multinacionales, que son las que suelen pasarse los principios éticos por el arco del triunfo, con perdón. Dice mucho de nosotros el que, aún sabiéndolo, sigamos comprando esas marcas que, curiosamente, nos hacen sentirnos más importantes. Como apunta el anterior lector, más de uno nos sonrojaríamos si en nuestro carrito de la compra, de repente, apareciesen las etiquetas éticas de lo que hemos echado en él. Un abrazo, César.

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  3. Muy interesante todo lo que escribes sobre las etiquetas de los productos y la procedencia de las mismas.

    Después de leerlo, me he hecho que pensar. He clickado en mi navegador cosas como: Agenda21, he estado leyendo, reflexionando., y después de leerme varios artículos., he llegado a la conclusión que creo que de todo lo que mencionas debería enseñarse como una asignatura más en el colegio, y desde la más temprana edad., que formase parte de la educación para la sostenibilidad del planeta.

    Al respecto, te dejo este enlace de una pág que me ha gustado mucho: http://www.oei.es/decada/accion.php?accion=004

    Espero que las personas poco a poco vayamos teniendo más conciencia sobre el planeta., sobre las etiquetas de las que hablas., del dolor, del sufrimiento de los paises tercermundistas., de en difinitiva ver más allá de lo superfluo y de la huella que nuestros actos puedan dejar sobre el planeta.

    Me encanta tu blog., y esta entrada, nos hará meditar hacia un consumo más ético y sostenible.
    Un saludo!

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  4. De acuerdo contigo. Sin embargo, en un mundo tan globalizado como el nuestro lo q propones es imposible. Ni aún cuando utilizaramos el transporte público, o cuando fueramos en bicicleta haríamos un consumo responsable/ético. Todos los productos, todas las cosas, emplean (en su manufacturación, envío y entrega a los consumidores) derivados del petróleo, y los países de la OPEP no son precisamente, en su mayoría, respetuosos con los derechos humanos.

    La única alternativa que queda es hacerse autosuficiente, fabricarse todo a partir de productos naturales, obtenidos por tí mismo, de la propia naturaleza. Vamos, volver a la edad de piedra. O irse a vivir con los índigenas del Amazonas, con suerte viviremos 121 años como la mujer que acaban de descubrir allí.

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  5. No hay Nada que en su cadena de valor, en algún momento, no sea ilegal, inmoral, o injusto. Gonzalobel

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  6. Felicidades Cesar por tu reflexión. Desde hace tiempo que coincido contigo sobre este tema, pero creo que habría que buscar fórmulas de concienciación masiva dirigidas a los consumidores como primer paso y no se me ocurre ninguna que fuese eficaz

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  7. Interesante post César, y como bien dices complejo de analizar, pues de alguna manera la corriente nos arrastra a todos y por mucho que intelectualicemos los troncos a los que agarramos en los momentos de crisis actuales también están etiquetados y forman parte del circo. Es inevitable mantenerse al margen y no ser un eslabón mas de la cadena. Sin embargo si que es cierto que de forma tímida pero segura hay un movimiento abanderado por la ética que parece estar anidando en esta sociedad desestructurada y con poco tiempo de vida, esperando sus momento pacientemente hasta que la crisálida se rompa. Un saludo

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