viernes, 8 de julio de 2011

Castillos en el aire

Leyendo la noticia de la desaparición del Códice Calixtino de la Catedral de Santiago de Compostela me asaltan una serie de reflexiones. ¿Somos conscientes los españoles del patrimonio cultural que atesora el país. ¿Lo son acaso los franceses? ¿y los estadounidenses?
Apreciar, conocer y respetar nuestra cultura, el origen de lo que hemos llegado a ser nos sirve para comprendernos mejor y al mismo tiempo para ser un poco más humildes en nuestra actitud protagónica ante la historia. El desconocimiento de nuestros tesoros culturales y naturales es una realidad innegable, a pesar del cierto esfuerzo que hacen las administraciones al respecto.
¿Cuántos conocíais la existencia del Códice? Yo no, primera noticia su desaparición, que refrenda la frase de que no echas de menos algo hasta que lo has perdido. Ahora los medios se llevan las manos a la cabeza con lo desprotegido que estaba el documento, otros critican ya la falta de seguro por parte de la iglesia y demás dimes y dirites.
¿No será que nosotros tenemos desprotegido el Patrimonio en nuestras cabezas y en nuestras actitudes?
España es el segundo país del mundo tras Italia en la lista de la UNESCO de lugares Patrimonio de la Humanidad. Son 43 los monumentos o parajes naturales que ponen de relieve la densidad de nuestra historia en común.
Algunos de estos lugares emblemáticos son conocidos por todos, como es el caso de la Alhambra mientras que otros son grandes desconocidos para el gran público, en el que me incluyo, como Las Médulas o el Monasterio de Poblet.
Mientras que todo el país sabe, quiera o no quiera, el nombre de ciertos personajes televisivos de dudoso gusto y discutible actitud, no se dedican apenas minutos al día en los medios de difusión nacional a mostrar nuestra riqueza cultural. No creo que baste con los documentales de la 2 para impregnarnos de todo lo bueno que nos rodea. Visto el estado de confrontación permanente de la política española, la cual, origen o causa, no lo sé, perpetúa cierto desencuentro entre los ciudadanos, no estaría de más buscar un lugar común. Ese punto de encuentro, sin ideologías ni sectarismos bien podría ser el Patrimonio cultural y paisajístico de España. No se trata de disputarse el agua de los ríos ni de hablar de políticas lingüísticas, esos temas tienen sus foros, sino de fomentar que se conozca lo que nos pertenece en común, que por responsabilidad deberíamos proteger y que es la justifica en gran medida nuestra fortaleza como potencia turística.
En EEUU hacen un monumento de lo más nimio, el país está plagado de casas históricas donde George Washington tuvo a bien pernoctar en su trayectoria política, puede parecer exagerado pero yo prefiero una sociedad que ensalza y adorna sus glorias pasadas y que busca crear historia debajo de las piedras que una que teniendo al alcance de la vista joyas únicas las obvia sin prestarles la merecida atención.
No esperemos a que se destruya nuestro Patrimonio por dejadez o burocracias cruzadas, que no volvamos a enterarnos de lo que teníamos cuando no los hayan arrebatado, seamos un país introspectivo; nuestras riquezas, que custodiamos conjuntamente, deben servirnos de cimientos sobre los que sustentarnos y seguir construyendo. Una de las traducciones anglosajonas de " hacer castillos en el aire" es " to build castles in Spain", no estaría nada mal empezar a desmontar la frase.

3 comentarios:

  1. En mi opinión no somos conscientes de Patrimonio cultural español por lo deficitario del sistema educativo, y también, no nos engañemos, por la falta de patriotismo que desde la llegada de la transición ha sacudido este país.
    Frente al sistema educativo anterior que ensalzaba las grandes gestas históricas de nuestros antepasados,actualmente, ha pasado a un segundo plano, y con ello todo el patrimonio cultural que le rodea. Patrimonio cultural, que en su mayoría, tiene su origen en el glorioso pasado de nuestra nación. Sin embargo decir que nuestro pasado fue glorioso, que fuimos primera potencia mundial, o que en España no se ponía el sol, no se recuerda tanto como se debería, es más en ocasiones se critica. Y es por ello, en parte, que no se recuerdan más que determinados monumentos, mientras que otros, quedan en el olvido.

    Está de moda irse al extranjero de vacaciones o hacer turismo en Europa, cuando dentro de nuestras propias fronteras tenemos parajes y monumentos que vienen a ver desde todos los sitios del mundo. Es, a todas luces, un contrasentido.
    Eso sí, a la hora de la verdad, cuando ocurre algún suceso como el del Códice, no faltan programas especiales dedicados a buscar culpables, y a explicarnos que era el valioso documento. Y ¿por qué no antes?
    Personalmente me da rabia esta noticia, porque realicé el Camino de Santiago hace algunos años, visité la Catedral, y ni siquiera me percaté de que existía esta valiosa joya.
    Pd. Soy de letras y saqué un 9 en Historia del Arte en el examen de la selectividad. Se distinguir un Monet de un Manet, pero no sabía que existía el dichoso Códice.

    http://lordciruss.wordpress.com/

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  2. Conocer nuestro patrimonio es conocer nuestra identidad,de dónde venimos para saber dónde podemos ir.

    El Vidal Mayor es un manuscrito del s.XIII que recoge los Fueros de Aragón,origen del derecho foral,copiado por todos. Está en el museo de la Fundación Paul Getty,bien lejos, y estamos todos encantados de que lo guarden allí, porque saben apreciar su valor para conservarlo.Las autoridades aragonesas son incapaces de recuperar los llamados bienes de la Franja,hasta con sentencias favorables y que se encuentran en manos catalanas, como para pedir que custodien semejante joya.

    Enhorabuena por este post. Ojalá sirva para concienciar a todos de la importancia y necesidad de conocer y cuidar nuestro patrimonio como parte esencial para encarar el futuro

    Fdo: Teresa Royo

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  3. Tengo todavía presente la sensación que me invadía en el pasado tras leer a autores como Eduardo Mendoza, Ruiz Zafón o Ildelfonso Falcones y su aclamada “Catedral del Mar”. Era una mezcla de sorpresa rayana en la vergüenza al reconocerme desconocedora de muchos de los rincones barceloneses descritos en esas páginas. Recuerdo habérmelo tomado tan a pecho que hasta hice listas de todos esos lugares y fui visitando todos aquellos de los que todavía podemos disfrutar. A veces viajamos a los confines de la tierra para vislumbrar la bonita estampa que un día vimos en un programa de TV y correr aventuras que nos resarzan de nuestras rutinarias vidas y del paisanaje al que las asociamos y olvidamos lo que tenemos al alcance de la mano.
    Seguir las miradas ávidas de historia de amigos extranjeros que visitan la ciudad es una excelente manera de redescubrir todo aquello que momentáneamente dejo de impresionarte por haberse convertido en costumbre y hasta de observar bajo un prisma crítico como en lugar de destinar esfuerzos a la preservación de nuestro legado histórico, en muchas ocasiones permitimos que se deteriore hasta que ya es demasiado tarde.
    Viajar cultiva el espíritu, ensancha horizontes y destruye prejuicios pero no es necesario irse a las antípodas ni buscar el dorado en parajes indómitos para conseguirlo. Un periplo por España adentrándonos en su historia, su gastronomía, sus paisajes y conviviendo con las gentes que la conforman debiera ser de prescripción facultativa. Estoy convencida que sería la cura para el sectarismo del que muchos adolecen siempre y cuando no olviden que la experiencia no consiste en el número de cosas que se han visto sino en el número de cosas que se han reflexionado.

    Lo C. Gutiérrez

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