martes, 11 de diciembre de 2012

El estado del bienestar


El Estado del Bienestar se ha convertido en el gran caballo de batalla de la crisis extenuante que nos está chupando los recursos y las ilusiones como una sanguijuela despiadada. 
Pero, ¿qué es el tan traído bienestar por el que todos clamamos?
Los políticos nos los están desmontando a ojos de los ciudadanos, reajustando a la nueva realidad bajo su propio prisma; lo que nadie discute es que el bienestar está atravesando una tormenta imperfecta. 
Creo que si hiciéramos una sencilla encuesta a los 47 millones de españoles las respuestas acerca de la definición sobre el Estado del Bienestar serían bastante similares, el sentido común abunda mucho más entre los anónimos y sufridos ciudadanos que entre los renombrados políticos. 
Intuyo que Sanidad y Educación encabezarían una lista de elementos irrenunciables por muy mal que se presente el panorama económico. La sanidad universal de calidad, uno de los logros más destacables de la España del siglo XX, no puede verse cuestionada por unas coyunturas adversas.
Ciertamente el desmedido dispendio de la primera década del siglo XXI obliga a drásticos ajustes para aminorar el lastre insalvable del déficit; no obstante, nada justifica los experimentos con gaseosa y sin consenso en áreas tan delicadas como la educación o la asistencia sanitaria de todos. 
Si las encuestas del CIS reflejan de manera creciente la preocupación de los españoles por la trasnochada clase política y la desmedida burocracia de la que se han dotado en los 35 de periplo democrático que nos contemplan, no resulta aceptable la inmovilidad de quienes ostentan los poderes públicos por delegación ciudadana. 
Es necesario tener sentido de Estado, visión de futuro y asumir con autocrítica que lo que nos ocurre a día de hoy no ha caído del cielo como el meteorito que supuestamente exterminó a los dinosaurios sino que, todo lo contrario, es una bomba de fabricación casera. 
No es comprensible que se hayan construido en España aeropuertos de lujo, ganadores de premios de arquitectura, ni kilómetros de AVE en cantidades propias de la China emergente mientras cientos de miles de españoles subsisten en niveles que bordean la indigencia. 
Para que las clases medias y altas puedan llegar a Valencia en una hora y media se han invertido miles de millones de euros que bien podrían haber recabado en I+D o en dotar de una red de asistencia a la depauperada Ley de Asistencia. 
Un país necesita ser valiente, atreverse a soñar, invertir, desarrollar proyectos atrevidos para los cuales puede ser puntualmente necesario pedir créditos, eso no se puede discutir. Sin embargo, no es admisible a indecencia que asoma sin pudor cuando se constata que no ha habido proyecto real de país, que el nuevoriquismo se adueñó de quienes tomaban las decisiones administrando de manera prepotente y desmedida la caja común, sin proteger de manera sólida las piezas más desfavorecidas de la sociedad y, más grave todavía, sin consolidar una estructura productiva de futuro para toda la sociedad.
Nos han robado parte de nuestros sueños y nos hemos despertado, casi de golpe, con una cruda realidad estadística de paro estratosférico, ínfimos niveles educativos en los informes PISA, agujeros negros en casi todas las administraciones y mil episodios más de terror.
La vida es fluctuación y a un año de lluvia sigue un año de sequía, a una etapa de pesadilla y desazón ha de seguir sin duda una de esperanza y futuro. 
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La perspectiva de varios años de crisis hace entrever que los principales actores del sistema: los partidos políticos tradicionales, los sindicatos y la CEOE no sólo no han estado a la altura de las circunstancias sino que se muestran incapaces o reacios a adaptarse a la nueva realidad.
Los ciudadanos, cada uno en su rincón, aunque conectados en un proyecto común que se llama España y Estado del Bienestar no vamos a permitir que aniquilen nuestras legítimas aspiraciones a una digna vida en común.
Las inercias son grandes y la resistencia brutal, pero todo pasa. El Imperio Romano cayó y nuestro enquistado y decadente sistema político acabará por transformarse.
El mundo lo conformamos las personas corrientes, no los expertos, los gestores, los ministros o las dichosas estadísticas, y lo normal es que uno quiera vivir con Bienestar. 
Somos 47 millones y el poder es nuestro, conviene recordarlo todos los días del año. 

4 comentarios:

  1. Te llevo leyendo dos años y es la primera vez que me emociono con un escrito tuyo. Me siento bastante identificada con este escrito y se me han saltado las lágrimas. Este escrito tiene mucha profundidad.
    Felicidades,
    Patricia

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  2. “El poder es nuestro, conviene recordarlo todos los días del año” y varias veces al día …
    El poder es nuestro y la fuerza, las ganas, los motivos, la razón, la sensatez, el civismo, el respeto, y el amor, sobre todo el amor. Por amor propio, por amor a quien hizo posible la Democracia, a nuestros progenitor@s y abuel@s, por un legado digno a nuestros hij@s , sobrin@s, por el disfrute del que nos dejaron, por la igualdad de oportunidades ,por el merecido premio al esfuerzo ( desde el apoyo al talento, pasando por el respeto a las pensiones ,o a los funcionarios con exámenes de oposición aprobados)
    “Conectados en un proyecto común” ,las inercias son enormes y la fuerza más.

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  3. Sobre el estado de bienestar, escuché el programa de solidaridad y la entrevista con representantes de Médicos del Mundo, Oxfam, etc. Todavía no aparece el programa de esta semana pero dejo el enlace:

    http://www.rtve.es/alacarta/audios/solidaridad/

    Y el informe que Médicos del Mundo ha elaborado:
    http://www.medicosdelmundo.org/index.php/mod.documentos/mem.descargar/fichero.documentos_Informe_2012_f1d45db7%232E%23pdf

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  4. El Estado de Bienestar, y el Estado.. En mi opinión deberían desaparecer. Liberalismo en estado puro. Dejar como bien publico los tradicionales, defensa y seguridad.

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