lunes, 17 de diciembre de 2012

¡Humanidades, Sr.Wert!


Con tantas polémicas como acumulamos en los últimos meses es difícil mantenerse al tanto y no perder la comba del combate dialéctico y del exabrupto político del momento.
Sin duda el ministro de Educación, José Ignacio Wert, se lleva una buena ración de titulares polemistas, es el Mourinho del Congreso de los Diputados, se lo ha ganado a pulso, hay que reconocerle talento para hacer saltar chispas.
Guste o no guste, el ministro es sin duda una persona de amplia formación, con una cultura sólida y amigo, en mi opinión, de adoptar el papel de provocador irreverente. Tuve ocasión de entrevistarlo en un programa de televisión y mi dejó la impresión de ser una persona segura de sí misma, de firmes convicciones que se toma su paso por la política, y en concreto por el ministerio, como un juego de artes malabares; ocasión ideal para desplegar su personalidad de aristas y diatribas verbales. 
Siendo un político con amplia formación humanística, debería el ministro, ser el primero en percatarse de la acuciante necesidad de recuperar las materias clásicas en los planes de estudio.
Es muy moderno hablar de asignaturas de emprendimiento, economía, dirección de empresas y tecnología, dentro de la imparable especialización de nuestro sistema educativo, no obstante, sin base humanística en tiempos de crisis todas las flaquezas colapsan el montaje social. 
Recuperar la capacidad de leer y analizar textos, el conocimiento de la historia, la propia y la ajena, incluir asignaturas como la Ética, la Oratoria y Filosofía se antoja imprescindible para que los ciudadanos tengamos la capacidad de construir con cimientos firmes. 
El relativismo actual enraíza en la falta de cultura cívica, por mucho que los padres en casa intenten suplir las carencias de nuestras escuelas es harto complicado compensar un enfoque social que no desarrolla apenas la conciencia cívica deseables en un ciudadano del siglo XXI.
Criticamos a los políticos, a las instituciones y a los empleados públicos que nos conectan con la Administración del Estado pero, en general, la percepción del espacio público como algo de todos, a cuidar y a mejorar no forma parte de nuestro ADN ciudadano.
España tiene atisbos de solidaridad espectaculares como sociedad: destacamos en donaciones de órganos, en voluntariado, en colaboración con campañas de ayuda al Tercer Mundo pero flaqueamos en situaciones más mundanas y cotidianas, que son las que al final imprimen la marca de la casa.
La tan traída Marca España se construye siendo cívicos, respetando el espacio público, colaborando con nuestros conciudadanos, formando parte de asociaciones, de plataformas cívicas, reciclando, protegiendo el medio ambiente, preservando el patrimonio cultural, siendo vigilante en el uso de las formas y el lenguaje, etc...

Todas estas gotas de ciudadanía positiva tienen que ser potenciadas desde la educación infantil hasta la educación superior y, que mejor vehículo para ello, que a través de las arrinconadas humanidades.
Sr.Wert más allá de su cruzada mediática por ser el ministro más comentado del momento encuentre un momento para colocar en el primer plano del debate el papel esencial de las humanidades.
Muchos se lo agradeceremos. No sólo de polémica vive el hombre.

2 comentarios:

  1. Hola. Desde hace mes y medio estoy trabajando en una empresa que se dedica a las nuevas tecnologías. Como filóloga que ahora trabaja en este sector me preguntaba al comienzo por qué me habían contratado ya que yo prácticamente no tengo conocimientos informáticos más allá de los de nivel de usuario. Yo soy de humanidades e intrusa en este mundo tecnológico. En estas semanas, me he dado cuenta de la importancia que he ganado con mi formación como filóloga y la importancia de saberse expresar en varios idiomas. Yo creo que la formación en idiomas y la formación en las nuevas tecnologías son fundamentales. También sé que he encontrado mi puesto laboral gracias a la carencia de muchos informáticos de expresarse en otras lenguas.
    En estos tiempos de crisis, parece que estudiar filosofía, filología o carreras relacionadas con las humanidades no llevan a nada y casi todos los chic@s ya se deciden por otras carreras más prácticas y que "aseguran" un puesto de trabajo (si es que lo encuentran).
    No sé yo si ahora los adolescentes que tienen vocación de humanidades aparcarán este deseo buscando una estabilidad económica en el país si es que la encuentran aquí y no tienen que emigrar...por cierto he pospuesto mis planes de emigración.
    Felicidades por el voto de confianza hacia las humanidades.
    Saludos cordiales
    Feliz navidad y Feliz Año Nuevo 2013.
    Patricia

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  2. No puedo estar más de acuerdo. Como profesora de un conservatorio superior (es decir, de lo que se supone que debería ser el nivel universitario de la educación musical), hago constante hincapié en mis clases sobre la urgencia que tiene el que los alumnos amplíen sus conocimientos sobre lengua, literatura, idiomas, historia, filosofía, etc. Hace unos días publicaba en Twitter, dentro de la serie #ConsejosParaPianistas, unas recomendaciones al respecto. No se puede ser buen profesional de casi nada sin las estructuras mentales, las estrategias de pensamiento, el criterio y la imaginación que proporciona una buena formación humanística. Y precisamente todo esto que acabo de citar es lo que más echo en falta en el alumnado de nuestra época, carencia que, sin duda, tiene origen en la muy deficiente organización académica de los últimos y fallidos planes de estudios.

    Recuerdo cómo en el momento en que me planteé dedicarme a la música en exclusiva tuve que elegir entre las cuatro modalidades de BUP que había por aquel entonces: Ciencias Puras, Ciencias Mixtas, Letras Mixtas y Letras Puras. Escogí esta última rama, con su Latín y su Griego, porque me pareció que lo que pudiese aprender con ella me ayudaría más en el desempeño de mi futura profesión que las otras posibilidades. No me equivoqué. Y gracias precisamente a ese Latín, a ese Griego, a esos análisis sintácticos y a los muchos comentarios de texto que tuve que hacer (materias que no pocas veces me explicaba con proverbial paciencia mi padre, lingüista de profesión) ahora puedo no sólo desempeñar holgadamente mi trabajo, sino disfrutarlo cada vez más porque me es fácil establecer relaciones entre todo lo que observo, lo cual me proporciona un inmenso placer.

    Por otro lado, me pregunto por qué el potenciar una rama del conocimiento tiene que ir en detrimento de otra. ¿Acaso no sería posible combinar mejor los planes de estudios para que unas materias refuercen a las demás, basándose en las relaciones que existen entre unas y otras? Por ejemplo, ¿por qué razón tenemos que separar las estructuras del álgebra de las de la sintaxis o la música, cuando sería mucho más fácil aprenderlo todo en conjunto?

    Esperemos que los responsables del Ministerio de Educación den un nuevo impulso a las Humanidades, pero sin perder de vista la importancia de una formación global eficientemente planificada.


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